La selva

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En medio de un sueño, el Padre de los indios uitotos vislumbró una neblina
fulgurante. En aquellos vapores palpitaban musgos y líquenes y resonaban silbidos
de vientos, pájaros y serpientes.
El Padre pudo atrapar la neblina y la retuvo con el hilo de su aliento. La sacó
del sueño y la mezcló con tierra.
Escupió varias veces sobre la tierra neblinosa. En el torbellino de espuma se
alzó la selva, desplegaron los árboles sus copas enormes y brotaron las frutas y las
flores. Cobraron cuerpo y voz, en la tierra empapada, el grillo, el mono, el tapir, el
jabalí, el tatú, el ciervo, el jaguar y el oso hormiguero. Surgieron en el aire el águila
real, el guacamayo, el buitre, el colibrí, la garza blanca, el pato, el murciélago…
La avispa llegó con mucho ímpetu. Dejó sin rabo a los sapos y a los hombres
y después se cansó.

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