Las estrellas

Memoria del fuego I
Los nacimientos
Eduardo Galeano

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Tocando la flauta se declara el amor o se anuncia el regreso de los cazadores.
Al son de la flauta, los indios waiwai convocan a sus invitados. Para los tukano, la
flauta llora; y para los kalina habla, porque es la trompeta la que grita.
A orillas del río Negro, la flauta asegura el poder de los varones. Están
escondidas las flautas sagradas y la mujer que se asoma merece la muerte.
En muy remotos tiempos, cuando las mujeres poseían las flautas sagradas,
los hombres acarreaban la leña y el agua y preparaban el pan de mandioca.
Cuentan los hombres que el sol se indignó al ver que las mujeres reinaban en
el mundo. El sol bajó a la selva y fecundó a una virgen, deslizándole jugos de hojas
entre las piernas. Así nació Jurupari.
Jurupari robó las flautas sagradas y las entregó a los hombres. Les enseñó a
ocultarlas y a defenderlas y a celebrar fiestas rituales sin mujeres. Les contó,
además, los secretos que debían trasmitir al oído de sus hijos varones.
Cuando la madre de Jurupari descubrió el escondite de las flautas sagradas, él
la condenó a muerte; y de sus pedacitos hizo las estrellas del cielo.

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