La lluvia

Memoria del fuego I
Los nacimientos
Eduardo Galeano

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En la región de los grandes lagos del norte, una niña descubrió de pronto que
estaba viva. El asombro del mundo le abrió los ojos y partió a la ventura.
Persiguiendo las huellas de los cazadores y los leñadores de la nación
menomini, llegó a una gran cabaña de troncos. Allí vivían diez hermanos, los
pájaros del trueno, que le ofrecieron abrigo y comida.
Una mala mañana, mientras la niña recogía agua del manantial, una serpiente
peluda la atrapó y se la llevó a las profundidades de una montaña de roca. Las
serpientes estaban a punto de devorarla cuando la niña cantó.
Desde muy lejos, los pájaros del trueno escucharon el llamado. Atacaron con
el rayo la montaña rocosa, rescataron a la prisionera y mataron a las serpientes.
Los pájaros del trueno dejaron a la niña en la horqueta de un árbol.
—Aquí vivirás —le dijeron—. Vendremos cada vez que cantes.
Cuando llama la ranita verde desde el árbol, acuden los truenos y llueve sobre
el mundo.

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