LA ÚLTIMA TRAMPA TRANSGÉNICA ELIGE A BRASIL

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La resolución de la CNTBio establece canales legales para el uso de técnicas de modificación genética altamente peligrosas.

La nueva normativa es muy grave porque:

Abre la puerta legal para que semillas, insectos y otros organismos y productos alterados genéticamente con nuevas biotecnologías no sean considerados OGM (organismos genéticamente modificados) y por tanto la CNTBio podría decidir que pueden ir al campo y a los mercados, sin evaluación de bioseguridad, sin regulación y sin etiquetado.

A quién favorece esta normativa:

Las más favorecidas son las empresas de agronegocio y las transnacionales de transgénicos, porque pueden invadir campos y mercados con sus nuevos productos manipulados genéticamente, sin tener que pasar por los mecanismos de evaluación y regulación o etiquetado, con lo que ganan tiempo y aumentan ganancias. Pueden incluso engañar a los consumidores diciendo que sus productos son “naturales”, como han hecho en Estados Unidos, con las sustancias derivadas de microbios engendrados con algunas de estas tecnologías.

Impactos de los impulsores genéticos (gene drives)

Se trata de la primera vez que se hacen transgénicos para liberar en medios silvestres, para modificar no solamente especies cultivadas, sino para que se reproduzcan agresivamente en la naturaleza. Es una forma de ingeniería genética, que usa la tecnología CRISPR-Cas9 -ya en manos de varias transnacionales de transgénicos- para lograr que los rasgos transgénicos insertados en un organismo pasen forzosamente a toda la próxima generación, no solamente el 50% de cada progenitor, como sería normal. Si la manipulación es para que se produzcan solamente machos (lo intentan con plantas, mosquitos y ratones), toda la población –o incluso toda la especie- podría extinguirse rápidamente. Unos cuantos organismos modificados pueden lanzarse a un campo o ecosistema y modificar gradualmente todos los que se crucen con ellos, hasta abarcar toda la población.

Por eso es considerada por Naciones Unidas también como un arma biológica. El principal financiador de investigación en impulsores genéticos es el Ejército de Estados Unidos, seguido de la Fundación Bill y Melinda Gates.

Los que promueven la tecnología dicen que es para eliminar plagas, por ejemplo el mosquito que trasmite la malaria o plantas invasoras. Pero, ¿quién define qué es dañino o plaga? Para la agricultura industrial y los agronegocios todo lo que esté vivo en un campo, menos el cultivo que ellos quieren vender, es dañino. ¿Qué consecuencias tendría la eliminación de una población entera de un ecosistema que ha co-evolucionado con ella, o incluso la ha favorecido como reacción a otros desequilibrios? ¿Qué pasa con otros organismos que se alimentan de esa especie? ¿Quién puede decidir eliminar una especie entera? Aunque la técnica puede funcionar o no –es experimental- podría causar grandes desequilibrios. Por eso 160 organizaciones de todo el mundo, demandaron que el Convenio de Diversidad Biológica aplique una moratoria a esta tecnología.

Ni siquiera Estados Unidos ha permitido liberar ningún organismo de este tipo, porque una vez en el ambiente, no saben cómo pararlo. Con la resolución de CNTBio, Brasil sería el primer país que permite liberar esta peligrosa tecnología. ¡Y con una normativa simplificada!

Brasil es también el único país en el mundo que, gracias a la CNTBio, ha permitido experimentos repetidos con mosquitos transgénicos. Aunque esos experimentos no tienen ninguna validación de que sirvan para combatir enfermedades, se lo ve como un país donde se podrían liberar mosquitos con impulsores genéticos, por la facilidad para conseguir la aprobación de las autoridades.

Las organizaciones campesinas, movimientos sociales, organizaciones de la sociedad civil y de consumidores rechazan enérgicamente la resolución 16/2018 de la CNTBio que pretende legalizar y liberar sin regulación, evaluación ni etiquetado, nuevos transgénicos que impactarán sobre las y los campesinos, la soberanía alimentaria, la salud y el medio ambiente. Denunciamos y rechazamos que la CNTBio pretende legalizar también la liberación de “impulsores genéticos”: transgénicos que podrían usarse para extinguir especies y como armas biológicas, cuyo principal financiador es el ejército de Estados Unidos y que no están permitidos en ningún otro país del mundo por su alta peligrosidad.

 

NUEVAS TRAMPAS TRANSGÉNICAS

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Por Silvia Ribeiro / La Jornada

A las empresas de transgénicos no les alcanza con tener el monopolio de las semillas comerciales e invadir nuestros campos y alimentos. Además, quieren cada vez menos regulaciones y de paso engañar a la gente con otros nombres para sus nuevas biotecnologías, intentando separarlas del rechazo generalizado a los transgénicos. Avanzan también agresivamente en el intento de manipular no solamente cultivos, sino también especies silvestres, para hacer ingeniería genética de ecosistemas, lo que podría provocar la desaparición de especies enteras.

Todos estos lineamientos estratégicos de la industria biotecnológica trasnacional se reflejan en la nueva normativa que la Comisión de Bioseguridad de Brasil (CNTBio) aprobó el 15 de enero de 2018. Con ella, la CNTBio abrió las puertas para que productos derivados de lo que llaman tecnologías innovadoras de mejoramiento de precisión, puedan ser considerados no OGM (organismos genéticamente modificados) y que lleguen al campo y a los consumidores sin pasar por evaluación de bioseguridad ni etiquetado.

La estrategia de que los productos de nuevas biotecnologías no se consideren OGM para evadir las leyes de bioseguridad no es nueva. En EEUU ya se aplicó en algunos productos, como hongos manipulados con la biotecnología CRISPR-Cas9. En Europa, la discusión lleva un par de años y aún no se resuelve, aunque todo indica que la Unión Europea no permitirá que evadan la regulación, al contrario, podría resultar en cambios a las leyes para hacer evaluaciones de riesgo más exigentes, por las nuevas amenazas que éstas presentan.

Por el contrario, Argentina instauró en 2015 una normativa sumamente general y laxa, que permite exentar de evaluación de bioseguridad a los productos de varias nuevas biotecnologías. (Revista Biodiversidad87, 2016, https://tinyurl.com/ybhxu4g9).

Lo nuevo y muy preocupante con la resolución de la CNTBio en Brasil es que además crea explícitamente un canal para aprobar la liberación a campo de impulsores genéticos, a los que llama técnicas de redireccionamiento genético, pero para no dejar dudas lo escribe también en inglés: gene drives. Es el primer país en el mundo que establece canales para liberar al ambiente este tipo de OGM altamente peligrosos.

Se trata de una tecnología diseñada para engañar a las leyes naturales de la herencia, haciendo que toda la progenie de plantas, insectos y otros animales que sean manipulados con impulsores genéticos (gene drives), pasen forzosamente esos genes modificados a la totalidad de su progenie.

Si la manipulación es para producir, por ejemplo, solamente machos (lo cual ya están intentando con insectos, ratones y plantas), la población –o hasta la especie– podría extinguirse rápidamente (https://tinyurl.com/y8clpzpa).

Una vez liberados al ambiente, los seres vivos que haya sido manipulados con esta tecnología no respetarán fronteras, por lo que los países limítrofes con Brasil deberían preocuparse ya mismo de esta amenaza.

Todas las nuevas biotecnologías que se engloban en estas normativas de Brasil y Argentina son formas de ingeniería genética que entrañan nuevos riesgos e incertidumbres. El hecho de que se hayan o no insertado genes de otras especies –como sucede con los transgénicos que ya están en campo– o que la inserción sea en un lugar más exacto, como afirma la industria, no significa que no entrañen riesgos, incluso mayores que los existentes.

La doctora Ricarda Steinbrecher, de la Federación de Científicos de Alemania, explica que siguen siendo cambios artificiales a los genomas de los organismos, sobre cuyas funciones hay grandes lagunas de conocimiento. Se pueden producir inserciones o silenciamiento de genes fuera de blanco –activando o desactivando funciones importantes en los organismos– que producirán impactos impredecibles en los organismos, en el medio ambiente y en el consumo. (https://tinyurl.com/ybwcvq52).

Al igual que en Argentina, esta decisión en Brasil que implica tantos riesgos fue tomada como una simple decisión administrativa por una comisión técnica –en las que la industria de transgénicos tiene pesada influencia– sin mediar consulta con los campesinos, consumidores y muchos otros que pueden ser afectados, ni pasar por instancias legislativas.

Ante esta situación los mayores movimientos y organizaciones rurales de Brasil, reunidos en la Articulación Nacional de Trabajadores, Trabajadoras y Pueblos del Campo, de las Aguas y los Bosques –una amplia coordinación que incluye al Movimiento de los Trabajadores Rurales sin Tierra (MST) y la Articulación Nacional de Agroecología entre otras 19 organizaciones nacio-nales– emitieron una carta pública de denuncia y protesta, en la cual rechazan la decisión de CNTBio y alertan que Brasil se convertiría en el primer país en el mundo en considerar la liberación de impulsores genéticos, tecnología que no ha sido permitida en ningún otro país, y que Naciones Unidas considera incluso como un arma biológica. (Brasil de Fato, 6/2/18, https://tinyurl.com/y8wcuxen).

Señalan, además, que los impulsores genéticos, tecnología financiada principalmente por el Ejército de EEUU y la Fundación Gates, (https://tinyurl.com/yahkzdnz), favorecerán principalmente a las trasnacionales de agronegocios que buscan con esta tecnología restablecer la susceptibilidad de las hierbas invasoras que se han hecho resistentes a sus agrotóxicos, para aumentar sus ventas y, de paso, los devastadores impactos de éstos sobre salud, tierras y aguas. O podrían buscar extinguir lo que las empresas consideren plagas en los campos, lo cual tendría impactos muy negativos en los ecosistemas y los sistemas de cultivos campesinos y agroecológicos. Esta medida en Brasil es apenas el comienzo de lo que podría seguir en otros países. Urge prepararse y, como en Brasil, resistir estas nuevas trampas de las industrias transgénicas.

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